Maternidad y sexualidad: El parto

Maternidad y sexualidad: El parto

Hacer un bebé y ayudar a un bebé a nacer se parecen un montón. Demasiado para la comodidad de algunos que se sienten incómodos con todo lo que no virginice la maternidad.

Si lo pensamos, a nivel biológico esto tiene todo el sentido: se liberan hormonas parecidas, se involucran las mismas partes del cuerpo (vagina, útero). Pero para poder verlo, por lo menos en el hemisferio occidental, tenemos que pensarlo mucho. Pasa que cuando pensamos en parto lo primero en lo que pensamos es en dolor.

Dice Ina May Gaskin, la partera más famosa de Estados Unidos en su libro Ina May’s Guía para el Parto Natural que la sexualidad asociada con parir era algo reconocido y conocido en todas las culturas ancestrales. Era un ritual meramente femenino y por tanto una mujer podía sentirse en confianza, dejarse llevar y experimentar la profunda conexión con su cuerpo que involucra parir. Llegando incluso a experimentar placer y orgasmos durante la expulsión del bebé.

 

Esto es algo impensable en nuestra cultura, por tres factores fundamentales:

Con quien: Dice Ina May que esta intimidad del acto de dar a luz se perdió cuando, en vez de parteras, fueron los médicos, generalmente hombres, los que empezaron a atender los partos. Siendo este un acto sexual (en el sentido que incluye genitales, posible placer, gemidos y mucha desnudez) los médicos tuvieron la preocupación de cómo cuidar el pudor y la modestia de sus pacientes y poco a poco se fue negando el sentido sexual del acto.

El donde: Luego, movimos los partos a los hospitales. El lugar menos íntimo y sexy de todos. Ir a un hospital es atemorizante de por sí. Adicionalmente, en los hospitales se trata el parto como que fuera una enfermedad cuando no lo es, lo que asusta a todos. Y sabemos que el miedo es el primer enemigo del placer, la sensualidad o la intimidad.

Lo religioso: La Biblia dice “parirás con dolor” como castigo por el pecado original. Por tanto, nuestra cultura judeo-cristiana eso es lo que espera. Hay relatos de exploradores europeos impresionados porque en culturas ancestrales como los esquimales las mujeres paren sin dolor.  Lo pueden hacer porque eso es lo que esperan. Pero si yo lo que espero es lo que se mira en los medios sobre el parto, obviamente que le van a pasar cosas a mi cuerpo para que el parto sea doloroso.

 

Esto no es algo de una persona. Comparte una May en su libro una encuenta a 150 mujeres y 20% reportaron hacer experimentado algún tipo de placer durante la labor de parto. Eso sí, en las condiciones de privacidad, intimidad y relajación necesaria (generalmente fuera de los hospitales).

Otras mujeres, reportan experimentar deseo sexual al inicio de las contracciones y que el masturbarse las ayuda a tener partos con poco dolor, a dilatar más rápidamente. En el sitio “El parto es nuestro” una de las usuarias escribe:

“que durante los cuatro últimas noches antes del parto, a eso de las tres de la mañana me subían unos calores… un deseo sexual se apoderaba de mí. Mi marido, claro, roncando a mi lado…así que me voy al otro cuarto y doy rienda suelta a mi deseo… La noche del parto, entre las primeras contracciones, me ocurrió lo mismo… y pensé… “Allá voy… seguro que esto ayuda”… y ahora la gran pregunta que me hago…que os hago… ¿creéis que esto puede ser la gran causa de mi maravilloso parto? Es algo a lo que no dejo de darle vueltas y que mi cuerpo me responde que sí… ¿hacen esto las leonas, las gorilas…? ¿Se masturban antes del parto?”

Volviendo a las similitudes entre el acto sexual y parir, es un poco como que dejáramos de hacer el amor en la intimidad de nuestro hogar y de pronto nos pareciera mejor y más seguro hacerlo en un hospital. En una cama muy incómoda, con luces, frío y un montón de estudiantes viéndonos, tomando nota y “haciéndonos tactos” para comprobar la lubricación.  Seguramente se extinguirían las erecciones, las lubricaciones y por supuesto los orgasmos.

Maternidad y sexualidad: el embarazo

Maternidad y sexualidad: el embarazo

Maternidad y sexualidad están íntimamente relacionados. El ejercicio de nuestra sexualidad, en específico el sexo es lo que nos da la posibilidad de convertirnos en madre.

Por eso resulta tan extraño que se “virginise” tanto la maternidad. Nos incomoda pensar en las mujeres embarazadas, en la plenitud de su proceso reproductivo, como seres sexuales.

El cuerpo de la mujer embarazada está hecho para la sexualidad. Es, de una forma poco convencional, un cuerpo sexualizado: los pechos crecen, los genitales se llenan más de sangre y por tanto la vagina lubrica mejor, la piel y el pelo resplandecen y nos hace ver especialmente bonitas. Es la manera de la naturaleza de fomentar el acto sexual.

Además, muchas mujeres se sienten mucho más dispuestas. El cóctel hormonal incrementa el deseo sexual de la mujer embarazada y muchas experimentan más y mejores orgasmos en este estado.

La sexualidad es una necesidad que se traduce en la búsqueda de afecto, contacto, placer e intimidad. Todo esto ayuda a la mujer a mantener un estado de bienestar que es beneficioso para todos, inclusive para el bebé. Todo lo que la madre siente, lo siente el bebé. ¿Qué mejor entonces, que la mamá se sienta amada y plena?

Lo que podría ser un tiempo de plenitud sexual para la mujer y su pareja, se ve demasiadas veces nublado por varios mitos con respecto al embarazo y la sexualidad. El más común es el miedo a hacer daño al bebé durante la penetración. Miedo que se remedia con un poco de información y entendimiento de la anatomía.

Lo otro que sucede es que la mujer puede presentar una manchita de sangre después de la relación sexual. Esto llena a la mujer de culpa y miedo por la posibilidad de aborto. En realidad esto sucede porque el cuello del útero está más irrigado en este tiempo y puede sangrar. Pero a menos que sea una mancha de sangre como si estuviéramos menstruando, la verdad es que no hay peligro (a menos que sea un embarazo de alto riesgo. En esos casos ya el ginecólogo dará instrucciones en este sentido)

En consulta encuentro diversos disfunciones sexuales asociadas al inicio del embarazo o la maternidad, sin una explicación física clara. Falta de deseo sexual, incapacidad de alcanzar orgasmos, rechazo a la pareja. En muchos casos, entonces, el embarazo y la maternidad termina siendo un antes y un después en cuanto a la sexualidad. A veces la normalidad se recupera cuando nace el bebé y en ocasiones, esto no es así. En estos casos se hace necesario buscar ayuda profesional para ayudar a resolver cada caso.

 

 

Tener un hijo gay

Tener un hijo gay

La normalización de la homosexualidad en los medios hace que a veces uno se olvide de la homofobia que permea a la sociedad en general, a la gente real.

Esta fantasía en la que vivo la mayor parte del tiempo se estrella de cuando en cuando con la realidad cada vez que llega un padre y/o madre de familia a consulta por tener un hij@ homosexual.

Generalmente vienen además, en medio de la crisis, con una enorme cantidad de sufrimiento y confusión con dos objetivos:

1. Aclarar porque les ha pasado esto a ellos, a su hijo, a su familia. Todo esto en tono de tragedia

2. Si yo puedo solucionar el problema. Siendo el problema que su hijo es homosexual.

El primer punto se soluciona con un poco de aceptación y perspectiva. Finalmente la homosexualidad no es ninguna tragedia en el sentido biológico. Es decir, que la naturaleza no lo considera un defecto. La homosexualidad se encuentra en todo el reino animal con la misma prevalencia que en los humanos (entre el 5 y el 10% de la pobleción) con la diferencia que los gusanos, los elefantes, los gatos y los zopilotes comprenden (a veces mejor que nosotros) que es natural y no le ponen la carga social que nosotros le ponemos y por tanto la mamá elefanta no sufre como tragedia el que su hijo le gusten otros de su mismo sexo.

Si se vive como tragedia, se vuelve tragedia. Especialmente porque el hijo siente el rechazo de los padres pero no puede hacer nada por cambiar lo que ES.

El segundo punto se aclara entendiendo que la homosexualidad no es una enfermedad y por tanto no se puede prevenir, curar ni puede tratarse. Tampoco es “culpa” de los padres ni de las circunstancias. Homosexual (así como mujer, hombre, moreno o chele, colocho o chirizo), se nace. Las últimas investigaciones científicas lo han logrado comprobar.

Homosexualidad: Medios, leyes y familias

Homosexualidad: Medios, leyes y familias

La homosexualidad es una tema cada vez más normalizado. Entre la normalización mediática del tema (cada vez es más común una pareja homosexual como protagonista de series de TV) y las victorias legales (el matrimonio gay ya es legal en muchos países de Europa, Latinoamérica y en Estados Unidos) la comunidad LGTBI tiene mucho que celebrar. Enhorabuena!

Sin embargo, detrás de todos estos magnos eventos, están las historias particulares. Y aquí todavía hay mucho por hacer.  Hay pocos temas (tal vez la masturbación sea el único) que genere tanto crispamiento en un padre de familia como la homosexualidad, posible o comprobada de su hijo o hija.

Este es un tema complejo que causa dolor y sufrimiento a todos los involucrados. Por una parte están los padres, que no aceptan al hijo que tienen, que sienten una mezcla de rechazo, culpa, incredulidad, enojo…

Y por otra el hijo, sin mucho que hacer ante lo que no se puede cambiar, sintiéndose rechazado, culpable y solo. Pero sobretodo injustamente tratado. Finalmente no es algo que hace, prefiere, opta o decide, sino que ES. En español el “ser” es inamovible, inmutable, es intrínseco a la naturaleza de la persona. Lo que se ES está exento de “opción” y por tanto el castigo (en forma de rechazo, exclusión, regaño, etc) no tiene lógica, se siente injusto.

Los hijos se llevan generalmente, la peor parte. No en balde las estadísticas de suicidios, adicciones, conductas sexuales de riesgo y demás comportamientos auto destructivo es mucho más alto en la comunidad LGTBI que en el resto de la población.

Y es que la familia es nuestro refugio. Si tenemos su apoyo cualquier rechazo social que pueda existir (que cada vez es menor) se siente más llevadero. No pasa así cuando socialmente se te reconoce pero tu familia te excluye. Lo social no logra sanar la soledad y el vacío del rechazo familiar.

 

 

Beneficios de los ejercicios kegel para la sexualidad compartida

Beneficios de los ejercicios kegel para la sexualidad compartida

Los ejercicios Kegel tienen muchos beneficios para sexualidad compartida. Para la sexualidad compartida, algunos de los beneficios de tener el musculo pubocoxígeo (o musculo PC) fortalecido (que es el resultado de hacer ejercicios Kegel) son:

  • Incrementa la fricción entre las paredes vaginales y todo lo que se inserte entre ellas, por lo que la penetración vaginal se vuelve más satisfactoria para ambos miembros de la pareja.
  • Prepara la vagina para la penetración realizando un par de sets de ejercicios Kegel antes de la relación sexual, incrementa la lubricación vaginal y el control que se tiene de la vagina. Esto te permitirá relajar el musculo para que la penetración sea más fácil y al estar mejor lubricada evitas cualquier tipo de dolor o incomodidad durante la penetración.
  • Orgasmos más intensos. La intensidad del orgasmo depende de que tan fuerte se contraiga el útero y el musculo PC (que envuelve la vagina) Mientras más fuerte es el musculo, las contracciones orgásmicas son más intensas y eso se traduce en mayor sensación orgásmica.
  • Poder explorar nuevas sensaciones al jugar con tu recién adquirida habilidad de “apretarlo” mientras te penetra. Para las que lleguen a un nivel avanzado de destreza, el control que se puede llegar a tener sobre la vagina es sorprendente, al grado de poder usarla casi como una mano, capaz de agarrar, apretar, incluso dar masaje a lo que este dentro de ella….pero bueno, eso más adelante.

Para una guía básica de cómo hacer ejercicios Kegel, hacer clic aquí

¡Feliz (o no tan feliz) Aniversario!

¡Feliz (o no tan feliz) Aniversario!

Los seres humanos obtenemos gran tranquilidad en la rutina. Saber que va a pasar, para donde voy y que se espera de mí nos da una gran sensación de seguridad. Todo este paraíso rutinario se altera durante las fiestas. Hay muchas películas de Hollywood que nos advierten de este fenómeno, el stress de las fiestas.

En el caso de las relaciones de pareja hay dos fechas especialmente estresantes en este sentido.  El día del aniversario y el fatídico día de San Valentín.

Aquí de nuevo sale Hollywood a relucir. Tanta película con Meg Ryan nos ha llenado la cabeza con expectativas que es muy poco probable que se cumplan. Pero, si este es el hombre de mi vida, ¿como es posible que no sepa exactamente lo que yo quiero?

Y aquí entramos en un dilema: Por una parte, quiero la reproducción exacta de aquella escena de “Kate and Leopold” donde ella, una mujer moderna (como todas nosotras) regresa de un ajetreado día de trabajo y se encuentra con que su príncipe azul (de la era victoriana, que es la única época en la que existieron, muy a nuestro pesar) le tiene organizada una romántica cena a la luz de las velas y bajo las estrellas. Y por otra parte quiero que todo esto se le ocurra a él, porque si se lo digo directamente, pierde la magia. Que no daríamos por que nos leyera la mente!

Bueno, como eso no va a suceder, por lo menos no por ahora, se vuelve necesario que hagamos algo para poder conseguir lo más cercano a lo que deseamos y no terminemos en la típica cena + típico sexo (Ah! Porque hay que tener sexo, sin importar que tan cansadas y sin ganas estemos después de tanto ajetreo y estrés por las fiestas) de todos los años, pero sin tener que dar instrucciones que le quitan la magia y la espontaneidad a la ocasión.

En estos casos, lamentablemente, toca decidir qué es más importante y que prefiero: la espontaneidad o una escena predeterminada. Si voy por la espontaneidad, entonces me tengo que dejar llevar y lograr recibir lo que la otra persona quiera y pueda darme y tomar el riesgo de que eso incluya la nada (sí, NADA). Si lo que quiero es algo específico y eso específico ya sé que no se le va a ocurrir a la otra persona, pues tengo que soltar la espontaneidad y darle la receta como de cocina.

No se puede tener todo en la vida, pero si podemos escoger cómo queremos pasar nuestros días especiales.

Los besos

Los besos

pasionLo mejor de la adolescencia son los besos. Besos sin más, de esos maratónicos,  si son escondidos tanto mejor, que te ponen la piel de gallina. Más adelante, ya uno se  complica y los besos se pierden en “besos y algo más…” o más triste, se vuelven “preámbulo al sexo” en vez de ser lo que en realidad son: un placer en sí mismos.

Los besos son maravillosos porque no nos complican: se pueden dar en cualquier lugar, son socialmente aceptables, no necesitamos ninguna parafernalia y pueden ser tan apasionados, tiernos, sensuales, largos o cortos como queramos.  Podemos transmitir  todo tipo de mensajes y emociones con ellos.

Por eso es una lástima que, con el tiempo, los besos y la práctica de besarnos a como se debe se pierde. Me impresiona la cantidad de adultos emparejados que llegan a mi consulta que nunca se dan un beso de adultos, como dios manda, con lengua, largos, apasionados, mojados, de esos que te quitan el aliento y te dejan con ganas de más.  Algunos incluso tienen sexo, pero se dan un par de besos, si acaso, sólo por cumplir con el requisito.

En vez de los buenos besos, la mayoría de los adultos que veo besándose se limitan a darse esos besos “de gallina”, de picos. Y no es que sea malo, pero mi observación es que la mayoría de esos besos se dan casi que por costumbre, para saludarse, pero sin ninguna intención. Son solo un requisito y esos son los peores besos.

Prevención del abuso sexual infantil: la educación

Prevención del abuso sexual infantil: la educación

Como comentaba en el artículo anterior, para prevenir el abuso sexual infantil lo más importante es enseñarle al niño el autocuido y la capacidad de decir que NO a una persona que sea mayor que él.  Y señalaba que lo que se enseña en la gran mayoría de los hogares es que los niños han de obedecer sin pensar a los adultos.

No se puede enseñar esto al niño y después esperar que salga otro comportamiento cuando sea necesario y entonces lo hago vulnerable al abuso.

Para poder revisar si le estamos enseñando al niño lo que queremos enseñarle, hemos de reflexionar sobre lo siguiente:

  • ¿Qué le estoy/estamos enseñando a nuestros hijos sobre su persona/ respecto a las demás personas/ sobre el mundo?
  • ¿Qué le queremos enseñar a nuestros hijos sobre su persona/ respecto a las demás personas/ sobre el mundo?

Para ver si hay coherencia entre ambas o si, peor aún, ni siquiera lo he pensado.

  • ¿Tratan de enseñar a sus hijos lo que ustedes no son o lo que ustedes son?

Esto es lo más común. Queremos que nuestros hijos sean felices pero nosotros somos miserables, sufridos y sacrificados. O que ellos sean ordenados y nosotros no lo somos. Y finalmente, los niños no aprenden lo que el adulto les dice, sino lo que el adulto le enseña con su ejemplo.

Si lo que intentamos enseñarle al niño es a ser obediente,  siendo la obediencia el cumplir sin cuestionar todo lo que yo (un adulto) le diga, el niño no aprende a pensar, a hacer lo que es mejor para él y todos los involucrados, a tener criterio o iniciativa.

Obviamente que si el adulto logra que el niño sea obediente, el niño va a ser un “buen niño”. Esto porque durante la infancia lo más importante para un niño son sus padres. Sin embargo, cuando crecen, hay otras personas más importantes, los amigos, la pareja. Y después nos quejamos de que el niño hace todo lo que los otros hacen, en la adolescencia. Bueno, pero si nosotros eso enseñamos, el niño ya crecido, no va a poder hacer otra cosa.

Y en el caso de enfrentarse a un adulto que le diga que haga o se deje hacer cosas inapropiadas, el niño no va a encontrar la fuerza interior para decir que NO, porque nunca aprendió.

Prevención del abuso sexual infantil: hablando sobre el abuso sexual

Prevención del abuso sexual infantil: hablando sobre el abuso sexual

como-hablar-de-sexualidad-con-los-ninos3Para que el niño pueda cuidarse a él mismo del abuso sexual, tiene que aprender a hacerlo y para aprender a hacerlo necesita:

  1. Saber que existe: Hay que recordar que los niños, mientras más pequeños, más vulnerables son, así que hay que empezar desde que el niño es pequeño (2 o 3 años ya comprenden). En este caso, hay que enseñar al niño:

Read more